El árbitro no hace excepciones
En el fútbol, las reglas no cambian según quién eres. El árbitro no te perdona una falta porque eres buen vecino, porque tu intención era buena, o...
En el fútbol, las reglas no cambian según quién eres. El árbitro no te perdona una falta porque eres buen vecino, porque tu intención era buena, o porque los demás juegan peor.
¿Sabes que Dios es así?
No importa cómo te compares con los demás. El estándar de Dios no es “mejor que los otros.” Su estándar es la perfección.
Y no somos perfectos. Todos hemos fallado.
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)
Las faltas tienen un costo. En el fútbol no hay faltas sin castigo; las reglas deben cumplirse. Nuestros pecados tienen un costo.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23)
Aquí está la noticia que cambia todo:
Jesucristo entró al partido en tu lugar. Jesucristo recibió el castigo que tú merecías. Murió en la cruz y resucitó al tercer día, demostrando que venció al pecado y a la muerte.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)
No puedes ganar este partido con tu propio esfuerzo. Nadie puede.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9)
¿EN QUÉ EQUIPO ESTÁS?
No existe posición neutral. O estás reconciliado con Dios a través de Cristo, o estás separado de Él.
En el fútbol, nadie espera que el árbitro ignore las reglas porque el jugador “generalmente es buena persona.”
La pregunta no es si eres buena persona. La pregunta es: ¿qué crees de Jesucristo?
No te conformes con haber repetido una oración. Examina tu corazón.
Puedes usar la camiseta de tu equipo favorito, conocer todos los cánticos y llenar un estadio, pero si nunca has jugado el partido, no eres jugador. Solo eres espectador con buena ropa.
¿Te duele ofender a Dios? ¿Reconoces que eres un pecador que se ha rebelado contra Dios?
La salvación verdadera produce arrepen-timiento real. No perfección, pero sí una dirección distinta.
Pídele a Dios que te perdone tus pecados.
Pon tu fe en Jesucristo, no en tu historial religioso, no en tus propias “buenas obras”, ni en una oración que repetiste de niño.
Confía en Cristo solamente. Síguelo como Señor de tu vida.
“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)
Hoy es el día.
¿Sabes que Dios es así?
No importa cómo te compares con los demás. El estándar de Dios no es “mejor que los otros.” Su estándar es la perfección.
Y no somos perfectos. Todos hemos fallado.
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)
Las faltas tienen un costo. En el fútbol no hay faltas sin castigo; las reglas deben cumplirse. Nuestros pecados tienen un costo.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23)
Aquí está la noticia que cambia todo:
Jesucristo entró al partido en tu lugar. Jesucristo recibió el castigo que tú merecías. Murió en la cruz y resucitó al tercer día, demostrando que venció al pecado y a la muerte.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)
No puedes ganar este partido con tu propio esfuerzo. Nadie puede.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9)
¿EN QUÉ EQUIPO ESTÁS?
No existe posición neutral. O estás reconciliado con Dios a través de Cristo, o estás separado de Él.
En el fútbol, nadie espera que el árbitro ignore las reglas porque el jugador “generalmente es buena persona.”
La pregunta no es si eres buena persona. La pregunta es: ¿qué crees de Jesucristo?
No te conformes con haber repetido una oración. Examina tu corazón.
Puedes usar la camiseta de tu equipo favorito, conocer todos los cánticos y llenar un estadio, pero si nunca has jugado el partido, no eres jugador. Solo eres espectador con buena ropa.
¿Te duele ofender a Dios? ¿Reconoces que eres un pecador que se ha rebelado contra Dios?
La salvación verdadera produce arrepen-timiento real. No perfección, pero sí una dirección distinta.
Pídele a Dios que te perdone tus pecados.
Pon tu fe en Jesucristo, no en tu historial religioso, no en tus propias “buenas obras”, ni en una oración que repetiste de niño.
Confía en Cristo solamente. Síguelo como Señor de tu vida.
“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9)
Hoy es el día.
No hay tiempo extra garantizado.
